El Gran Primer Paso
lo que me enseñó la moda sobre comunicación
Como persona incansablemente curiosa, me gusta aprender de todo -para hacer alarde en una conversación o para alimentar a mi niña interior o para que la nueva sabiduría me permita, cuando me digne a dar el Gran Primer Paso y mostrarlo al mundo y, si los dioses capitalistas me iluminan, convertirlo en un sostén económico.
Si bien invertir en conocimiento es una búsqueda bastante noble, creo que a veces me inscribo en cursos o talleres para dilatar el momento de efectivamente hacer algo con lo que ya sé que, para las personas de mi círculo, pareciera ser suficiente. Salvo, claro está, para mí. Siempre hay alguna reflexión, alguna perspectiva, algún conceptito que podría incorporar para completar mi armadura profesional y, de una vez por todas, sentirme seguramente equipada para mostrarme al mundo como persona que sabe lo que piensa, dice y hace.
La riña contra el síndrome del impostor es constante, y para salir victoriosa, necesito leer otro libro, buscar otro ensayo, anotarme en otra capacitación.
Si estás asintiendo mental o físicamente, te habrás dado cuenta de que nunca es suficiente. Y el saber, al menos para mí, sí ocupa lugar. A veces me saturo y ahí me doy cuenta de que, justamente, no necesito más información. Ya hay mucho y es momento de decantarlo al mundo de alguna manera. Como me salga.
El Gran Primer Paso es, al menos hoy, compartir eso que sé.
Como ávida -y a veces arrepentida- usuaria y consumidora de redes sociales, no es novedad que muchos de estos canales se sienten cada vez más como una publicidad constante de productos y servicios y vidas que no conocíamos antes pero ahora sí, y ese es el problema. El contenido se volvió más una transacción que un diálogo y la red dejó de ser tan social.
Si bien el acto de instalar una necesidad forma parte de la esencia de cualquier negocio, me gustaría ver más estrategias de comunicación que se sientan como un regalo y no tanto como un pedido, al menos a primera vista.
Esta búsqueda me condujo hasta el curso de Antimarketing de Angie Chevallier, donde nos iluminó con un amplísimo catálogo de marcas que concibieron su comunicación como un elemento del que podemos disfrutar y sentirnos parte sin tener que pagar por ello.
La primera que me atrapó fue COMME des GARÇONS con sus campañas pensadas más como una obra de arte que una vidriera. Su fundadora, Rei Kawakubo, quería venderte una remera sin mostrártela, porque primero te quería contar una historia y porque sabía que, si entrabas voluntariamente a su universo y te quedabas, tarde o temprano, la transacción iba a suceder -la compra era el desenlace natural del sentido de pertenencia.
Rei misma, al haber estudiado filosofía y literatura, entiende a la moda como arma de provocación y cuestionamiento, y a su marca como una extensión de todo su recorrido. No le interesa encajar ni atraer a cualquiera a su universo. Como cuando ves la ventana abierta de una casa pero no distinguís bien qué hay adentro pero desde afuera y un poco a lo lejos algo te llama la atención y recién ahí cruzás el umbral.
ACNE Studios es otra marca que se tomó el dar en lugar de pedir muy literalmente porque regaló 100 jeans en 1997 para promocionar su marca entre amigos y familiares.
Si bien hay que tener cierta cintura económica para esta jugada, la marca mantuvo el compromiso con la comunicación como algo más que un intento de venta y empezó a hacer lo que las curiosas como yo valoramos mucho que es impartir conocimiento.
En 2022, lanzaron una colaboración para rendir tributo a Larry Stanton, un artista que, a través de sus retratos, capturó la escena gay de Nueva York de fines de los 70 a mediados de los 80. La marca ploteó vidrieras y colectivos con sus obras y, como audiencia, una siente que le están brindando información de valor y no tanto que quieren nuestro dinero (aunque en última instancia sí).
Esa información que nos proporcionan puede desencadenar en una compra o en una búsqueda en Google sobre la vida del artista (yo fui feliz víctima de esta última).
Dato no menor: ACNE Studios nació como colectivo de personas de las artes, y su estrategia de comunicación abraza ese inicio y genera coherencia y, aunque yo no sea su público objetivo, eso se agradece muchísimo.
No sé si alguna vez agregue algún producto de estas marcas al carrito, pero la chispa de la curiosidad se encendió y, a veces, eso es todo lo que necesito.





